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La banca ha tratado la vivienda como vulgar bien de consumo tomando como punto de valoración no el valor real sino el valor venal de los edificios. Se ha restringido sin miramientos, vía el crédito hipotecario, el poder adquisitivo y ello conlleva una caída correspondiente del consumo básico. Se han entregado hipotecas sin aval, fundamentalmente a inmigrantes.
Se sabía maquiavélicamente que si fallaban en sus compromisos, el inmigrante tendría que dejar su vivienda y volver a su país de origen. Para cualquier observador con conocimientos básicos de economía, ello elevaba el riesgo de quiebra del sistema. Endeudamiento de los menos pudientes. Los bancos (y todos los otros organismos de crédito financiero y en primer lugar las cajas de ahorros) han endeudado de un modo desconsiderado la masa de gente menos pudiente concediéndoles créditos no productivos para ellos antes de 30 ó 40 años, años durante los cuales su poder adquisitivo se verá constantemente obliterado por un embargo constante con el objetivo de reembolsar estos créditos, estimados multiplicados a plazos por al menos 2,5. (En euros constantes). Es lo que se llama “conceder una hipoteca” con el fin de “favorecer” el acceso a la propiedad… Sin embargo si se tiene en cuenta el hecho : 1º. Que durante el “boom” de estas concesiones hipotecarias la tasa de hipotecarios era tal que sólo podía, en un futuro, elevarse; 2º. Que la referencia de índice de esta tasa está basada sobre el Euribor, es decir sobre los propios movimientos interbancarios, esto es relacionado a la gestión interna de los propios organismos prestamistas; 3º. Que se concedieron créditos hipotecarios al límite presente de la capacidad devolutiva de los prestatarios a pesar de la certeza del encarecimiento futuro de esta misma devolución; 4º. Que raramente se congeló a este efecto un solo salario aislado sino por norma general los dos (los de la pareja) con, como prima, la exigencia de uno o dos avales cofirmantes (ver más abajo la no exigencia de avales); 5º. Que se presumió, si bien en situación de casi pleno empleo, sobre la permanente continuidad de esta situación, hasta sobre su expansión a largo término; 6º. Que el precio de los inmuebles (de primera mano en particular) se encontraba a ojos de expertos íntegros (pero, y sin lugar a dudas, no escuchados) sobreestimado en un 40% por lo menos por los organismos acreedores mismos, se percibe entonces, al leer estos pocos puntos no exhaustivos, que la operación de crédito hipotecaria ha estado totalmente desnaturalizada por la acción irresponsable (por no decir otra cosa) del propio sector de su financiación. Esta desnaturalización puede resumirse de esta manera : la banca en sentido amplio, ha tratado los bienes de inversión más fundamentales (los de la propiedad de la vivienda) como vulgares bienes de consumo. Y entonces ha erróneamente tomado como punto de valoración no el valor real pero si el valor venal de los edificios. Un inmueble es un bien de inversión, no de consumo. Conclusión: El endeudamiento de los menos pudientes (de las clases laboriosas como dicen los Socialistas) es uno de los factores clave de la crisis actual: restringir sin miramientos, vía el crédito hipotecario, el poder adquisitivo del proletariado conlleva un caída correspondiente de su consumo básico, cotidiano vital a numerosos sectores de la alimentación, de la distribución y de los servicios en general. Con o sin crisis, este sistema ya era por sí solo portador de crisis. Y forzosamente en crisis. No pensamos que en España fueran concedidas mayoritariamente hipotecas “basura” de tipo americano. En un primer momento no fueron establecidos – o poco – contratos con gente de “poca solvencia”. Sino más bien con gente de “solvencia vulnerable”, esto es con gente que, al ratificar el préstamo, dan todas las garantías de buen fin que un acontecimiento económico o social (regresión del empleo, por ejemplo) no permita asumir. Es en la no apreciación de esta solvencia circunstancial y la no apreciación de su posible vulnerabilidad que residió uno de los errores – y no uno cualquiera – del sistema general de financiación hipotecario reciente. Una nueva luz Siendo revelado a través de la prensa (este 4º poder en democracia) los abismos financieros inmobiliarios en los cuales la banca en sentido amplio se ha incorporado estos diez últimos años, la crisis actual aporta una nueva luz sobre la preferencia bancaria por el crédito hipotecario: de hecho, a través de él, la banca vendía sus propios productos fabricados por equipos más o menos estructurados “vaciadores de hormigón”. Y después renegociaba estos contratos con el fin de proveerse de liquidez. Así se mide la sobrecarga de los riesgos que cualquier piso soporta al m2 en tal sistema sin barabdillas. Hubo un tiempo que “el día a día” estuvo a la orden del día en cuanto a los préstamos hipotecarios. El índice revelador de este “pilotaje a ojo” de la banca sensu lato fue la concesión de créditos hipotecarios a los trabajadores inmigrantes sin aval (procedentes de America latina, especialmente en España). No importaban las garantías de “buen fin”: se sabía maquiavélicamente que si fallaba con sus compromisos económicos, el inmigrante tendría que dejar su hogar y volver a su país de origen. De tal suerte que el futuro social del inmigrante, de su familia, de su hijos no existía : sólo importaba la ratificación a toda costa de nuevos contratos de ventas hipotecarias negociables en el mercado de las liquideces. Este último tipo de hipoteca sin aval, para cualquier observador con conocimientos básicos de economía, indicaba la quiebra próxima del sistema. Empero, para el ministerio de Economía, al parecer no valía la pena preocuparse de el. Autor: Francisco Fernández Ochoa Presidente del PLIE (Poyecto Liberal español) Clases Medias Aragón |