|
Hoy no he visto un ataúd abierto en giro al sol, ni focos que alumbraran su silencio. Hoy he visto una cuna plateada que por despiste se cubrió y llegó a la luna.
Música y palabras, consuelo humano, bailes de salón… Su sombra hirviente y su sombrero entre las perchas de los camerinos… Latentes.
Hoy iba a hablar de trajes y de Camps y de anchoas y destinos, cosas vanas. Hoy no puedo decir más. Lágrimas vivas y compartidas en una danza de vidas paralelas infinitas. Roto está el escenario y sin consuelo. Invisible movimiento, mechón… oscuridad.
Sensible. Quizá sea la sensibilidad la mayor característica de este poeta del baile y de la voz y del amor incomprendido, otro más. Hacia adentro corrían las lágrimas y los médicos y la incredulidad de un mundo que no estaba preparado para tanto genio, o de un niño que fue lo que no eligió y quedó atrapado en ello. Libertad. Libertad sin máscaras, ni cuentos, ni desdichadas palabras de asesinos de mitos… Empieza la leyenda, dicen, termina su obra vital. Cesó de latir su corazón y es ceniza su memoria. Tu legado, sin duda, humanidad.
Michael Jackson es amor por encima de todo. Y en estas tierras proscritas nunca cabe tal magnitud. De nuevo el hombre se enfrenta consigo mismo y deja caer las palabras de aquel testigo, que hoy repito: “Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe.” Por ello su arte gozaba de sentido.
He ahí la grandeza. Tu música no nos llega en forma de notas, sino que nos abraza y emociona. Nos abrazará y emocionará siempre. Y mis lágrimas. Las tuyas. Las nuestras. Incontenibles.
Este aspirante a poeta se ha dejado caer por la cuneta y se ha rendido al secreto de tu voz, tu espíritu, tu bien, es lo que siento. Por ello las lágrimas me convierten en humano y descubren en mí ese espíritu oculto en estos tiempos tan oscuros, como un bálsamo.
La ciénaga perdió el canto de una rana que quería ser cometa de color. Alma y ejemplo de la desgraciada vida que la vida te brindó. Y no rezaré más por ti. Te oiré cantar y sentiré el consuelo de haber nacido en la época del Rey de la música, del rey de la solidaridad….
Un estadio dice adiós ante el Mundo. Tú siempre quisiste ser visto con los mismos ojos de Steve Wonder, a través del alma y de la voz que susurra adiós y luego nada, nada más te pido ya. Es suficiente.
Qué injusta felicidad nos dejas tras el contraste de tu demacrada estela. Arte y hombre inseparables, incomprendidos. Adiós, poeta del baile. Me uno a ti desde la profundidad. Y como dijo tu amigo, “eras nuestro y ya no estás”. Habrás vuelto a ser un niño. Pero esta vez vivirás tan sólo para ti. No llores más.
Y tras la travesía la espuma se desvanece sobre el mar…. Amen y sientan. Genio de sal, empieza tu eternidad y nuestra espera… Más allá… Más allá… Más allá…
Paco Bono está en Facebook y en Tuenti Editor de DEMOCRACIAtotal.com |