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General
Por Paco Bono   
Lunes, 08 de Junio de 2009 21:06
Diez y media de la mañana. Burriana. Castellón. El colegio electoral permanece abierto al público. Dos mesas presiden el cutre emplazamiento, en este caso, como en otros, un garaje particular. Las sillas de metal, semejantes a las que se utilizan en las multitudinarias comidas de las fiestas populares, son utilizadas por los traseros de cinco personas por dos. Dureza les espera, lo siento por sus varices. Es lo que queda tras tanto gasto en publicidad electoralista. Presidente, dos vocales y, en los extremos, los apoderados del sistema. No he de negar que siento simpatía por los interventores populares, al fin y a la postre no tienen maldad ninguna en su cometido. De los sociatas, no les detesto, pero no merecen mi apreciación por torpes o por malos. Es cosa suya.

 


La cola se va alargando. Jubilados y jubiladas, en pro de la igualdad, se pelean por conocer sus mesas. ¡Venga voten lo de siempre! ¡Póngame una de pepinos! Pienso yo. PSOE. La generación perdida. Al menos en lo democrático. Y es que no hay nada más antidemocrático que el “ser” de un partido y “votar” a ese partido como doctrina. Para eso no hacen falta elecciones. Un partido único y san se acabó. Nos ahorraríamos millones y no perderíamos tanto el tiempo (mi madre preside hoy una mesa en Castilla, pobrecilla). Algunos merecerían esto, ciertamente.

Pero sigamos. Las papeletas. PSOE, PP y la morralla. ¡La madre que parió al sistema! ¿Cómo es posible que existan tantas opciones y ni siquiera hayamos oído hablar de ellas? ¡Si hasta Rosa Díez ha tenido que difundir su voz a fuerza de pregoneros! Me siento en pelotas, como un bobo a las puertas del colegio, digo yo. Menos mal que sé muy bien a quién brindaré mi voto.

Me entrego a la búsqueda de mi lista… La encuentro. Maravillosa idiotez de idealista sonrosado por el sol Mediterráneo… ¡Qué placer pertenecer a esta cola! ¡Estoy colado por ella! Y sin embargo soy consciente de que mi voto se pierde entre porcentajes, límites y administraciones… Los partidos son la criba, Europa es una excavadora.

A las diez, los resultados. ¡Ni sondeos, ni datos preliminares! ¡Jamás se tomaron tantas precauciones en comicios más secularizados e inanes a la postre! Europa no es la Europa de los ciudadanos. Esto lo sabe hasta el más tonto. Europa es la Europa de las naciones, de algunas, del mamoneo, de varias, de la hipocresía, del negocio… Mal hemos fundado el intento cuando todo viene del fin de una “Guerra Mundial”. Cada vez me siento menos europeo, y lo digo como lo pienso, como siempre.

Ya voté. Lo hice. Después me dispuse a pasar el domingo con mi mujer y unos amigos. La paella esperaba. Ni uno, ni dos, vota tres, decía un cartel de propaganda del “Blog Nacionalista Valeciá”, esa coalición de trasnochados y fascistas escudados en el falso ecologismo, la identidad nacional y la “inmersión” lingüística. ¡Qué les den! ¡Que le den al sistema que denomina a los sectarios con el calificativo de “nacionalistas moderados”! ¿Han pensado que somos tontos? ¿Lo somos? Yo creo que sí.

Votamos. Pero nuestro voto no tiene el mismo valor según donde se efectúe o según a quién se otorgue. He aquí la raíz de nuestra democracia no europea. Tras un día de gracia y presunta libertad, me reitero, como buen liberal: ¡Un voto una persona! ¡Listas abiertas ya! ¿Europa? Para los negocios. Si dejaran de tomarnos el pelo, ¡nos vendría al pelo!

Última actualización el Lunes, 08 de Junio de 2009 22:14
 

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