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No es ningún secreto que uno de los grandes problemas que tiene el centroderecha en España hoy es que durante largos años ha descuidado gravemente la batalla cultural y de las ideas. Así lo denuncia en el último número de Razón Española (una de las escasas publicaciones que, como El Semanal Digital, nunca ha renunciado a esa lucha) un certero estudio de Óscar Rivas titulado "Hacia una derecha de principios".
Las consecuencias de ese descuido se manifiestan hasta en los ámbitos más insospechados, porque el centroderecha español ha acabado perdiendo la capacidad de definirse ideológicamente y, debido a ello, asume y hace suyos en este terreno todos los tópicos y lugares comunes creados por sus adversarios políticos. El último caso de este verdadero complejo de inferioridad lo constituye la ocurrencia de un locutor radiofónico que no ha encontrado mejor forma de descalificar a su predecesor en el micrófono que tildarlo de "la derecha de la derecha".
Es difícil decidir qué es lo peor de tan desafortunada expresión. Si con ella se trata de definir la posición ideológica de Federico Jiménez Losantos, sólo cabe pensar que quien la ha lanzado desconoce por completo de lo que habla. Como acertadamente le recordó uno de sus tertulianos, el escritor Juan Manuel de Prada, Jiménez Losantos es un liberal que, en determinadas cuestiones de principios y valores morales, está bastante lejos de la derecha y muy cerca de la actual izquierda post-marxista. En rigor es la izquierda de la derecha.
Si, por el contrario, no se trata de definir la posición ideológica del periodista turolense, sino sólo de descalificarlo sin más, entonces el autor de la ocurrencia está haciendo exactamente lo mismo que esa izquierda que, cuando quiere insultar a la derecha, le arroja venablos como "fascista", "ultra", "derechona" o, desde los tiempos de Bush hijo, "neocón". En definitiva, está admitiendo que decir que alguien es de derechas es en sí mismo un insulto y que, por consiguiente, afirmar que una persona es la derecha de la derecha supone la descalificación absoluta.
Cuesta imaginar un grado peor de complejo de inferioridad ante la izquierda que el que lleva a hacer semejante uso del término derecha. No es de extrañar que los oyentes huyan espantados y que prefieran un predicador atrabiliario, pero de verbo preciso y claridad en los conceptos, a un locutor de noticias intelectualmente extraviado y que no sabe por dónde se anda.
A ver si nos vamos enterando de una vez. Alberto Ruiz-Gallardón no es socialdemócrata; si lo que se quiere decir es que tiene una cierta propensión intervencionista, entonces hay que saber también que existe una derecha intervencionista, distinta de la liberal, que es por lo menos tan antigua como la socialdemocracia. Esperanza Aguirre y Federico Jiménez Losantos no son de extrema derecha, ni de ultraderecha, ni la derecha de la derecha, sino liberales, y ser liberal no es incompatible con el radicalismo o con la intemperancia, y si se conociese la Historia de España como es debido se recordaría, por ejemplo, a nuestros viejos liberales exaltados de la primera mitad del siglo XIX o a los radicales de principios del XX.
Por último, Rosa Díez tampoco es de ultraderecha, ni de derecha siquiera, por más que defienda la unidad de España; hasta después de la última Guerra Civil, en nuestro país siempre hubo una izquierda nacional y patriótica, y es magnífico comprobar que sigue viva e ideológicamente activa. Ya le gustaría a ese centroderecha tan necesitado de realfabetización ideológica ser capaz de actualizar, desde sus propios presupuestos, la idea nacional española igual que lo ha hecho la izquierda de UPyD.
publicado en el semanal digital reproducido con permiso del autor |