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Aquel Partido Popular y aquella España Imprimir E-mail
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Por Paco Bono   
Martes, 09 de Febrero de 2010 04:23
Entre tus barbas y las mías, Rajoy, dista la dignidad; la que yo he perdido o la que tú me has robado. Porque ni Pons es Cascos, ni Soraya es Esperanza, ni Montoro es Rato, o el que fue. Que los años han corrido y yo me he dejado caer por los callejones donde albergo con cariño o por compasión, cada uno de los momentos que viví como militante del Partido Popular de ayer.

El pasado domingo, la cadena VEO7 retransmitió un programa cuyo título rezaba: “Veo la democracia”. En esta ocasión, la televisión de Pedro J. rememoró el año 1996, su campaña electoral, la victoria popular y las negociaciones posteriores, que pasaron a la historia como el mayor ejemplo de aritmética política. “Frustración popular”, repetía el vídeo. “Jamás una derrota había sido tan dulce y una victoria, tan amarga”, dijo Guerra.

Les prometo que me supuso un tremendo esfuerzo tragar saliva, pero logré recupar el aliento y farfullé como pude: ¡coño! ¡Son ya catorce! ¡Catorce! ¡Y yo tan verde aún! ¡Y yo tan escocido por las circunstancias! Sí, señores. Como ya he repetido en otras ocasiones, yo formé parte de aquellas Nuevas Generaciones que gritaban en los mítines: “aquí están, los jóvenes de Aznar”. “Y las jóvenas”, añadiría hoy algún que otro progre iletrado. ¿Qué le estará pasando al “probe” PP? ¿Qué? Depende de la forma con que lo analicen, ya sea  con las entrañas o con el corazón, emitirán un juicio diferente. Porque catorce años han bastado para arrancarnos la ilusión y sesgar nuestra juventud. Nos habéis usurpado el derecho a la duda, a la esperanza, provocando que a nuestros incipientes treinta años nos hallemos desvalidos en lo moral, en lo económico y en lo político. A resultas de todo esto, descubrimos, con desolación, que tan sólo refugiándonos en nuestros hogares, entre nuestras fotografías, nuestras banderas y nuestros amores (imprescindibles), podremos sobrellevar tal grado de apatía social, otrora empatía; desesperación, antes osadía. ¿Adónde nos llevan los actuales dirigentes del Partido Popular? A la locura. ¿Acaso no?

En aquellas imágenes que visualizaba al principio del texto, se disfrutaba el alboroto de la Calle Génova, el revuelo auténtico de la victoria; se adivinaban nuevos tiempos y nuevas políticas, la cuales se presumía iban a provocar un cambio de rumbo en la decadente situación de la España de entonces. Allí permanecían enfilados Rajoy, Arenas, Rato, Álvarez Cascos y Aznar, con su bigote aún sin complejos y su sonrisa todavía sencilla. ¿Y si nos detenemos en aquella histórica instantánea? ¿Y si aumentamos el volumen de los gritos? A lo mejor así logramos acallar la voz que nos acosa y sentencia: “no hay más oportunidad, la derecha terminó en aquellos fotogramas”. ¿Es posible?

Aunque se puedan establecer paralelismos entre la España del 96 y la España del 2010, hay un aspecto incuestionable que las distancia, y no es otro que la inexistente euforia de una militancia que se siente decepcionada y se sabe desconfiada a causa de los desbordantes acontecimientos sufridos en el PP. ¡Ensobrad! ¡Salid! ¡Proclamad sin complejos que sois de derechas! Sí, ¡soy del PP! Decíamos entonces. Pero no hay que olvidar, que en aquellos días muchos aún contábamos con el aplomo moral e intelectual de nuestros abuelos; nos aferrábamos a la fortaleza y la madurez de nuestros padres. Hoy somos un poco más huérfanos por las ausencias y, además, nuestros cansados progenitores han recogido sus velas, así como nosotros hemos guardado las banderas por la frustración y la sensación de que nos hallamos sin nación y sin partido. ¿Algún remedio? Quizá significaría un buen comienzo el que no cesáramos de recordar lo que pudo ser y, sin embargo, no fue: la regeneración política y económica de nuestro país por obra de la derecha liberal conservadora. A la vista están las consecuencias de la pasividad política consentida cuando gozamos de la oportunidad de reformar este injusto sistema. Si queremos aprender de los errores del pasado, primero habrá que hacer borrón y cuenta nueva. Porque, entretanto algunos viejos y conocidos dirigentes populares sobreviven con sus lujos y su depravación, las antiguas bases se han visto obligadas a conformarse con el consuelo de los documentales. Y por todos es sabido que la nostalgia nunca fue una buena medicina.

Paco Bono
Más en http://www.pacobono.com
Última actualización el Martes, 09 de Febrero de 2010 22:20
 

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