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En esta ocasión le han pillado con las posaderas al aire. Tanto que, con la famosa Ley de la Memoria Histórica, debería iniciar las gestiones para indemnizar a las familias a quienes se expropiaron los terrenos para edificar, dotar y donar (el coste fue casi simbólico para ese tipo de ‘funcioneros’, reconocidos como funcionarios por el régimen) a los afectos al Generalísimo Franco, como su familia. Gracias a lo cual hoy es titular de un piso con valor de centenas de miles de euros.
Entendemos que debería indemnizarse a los afectados, porque así se ha hecho con quienes se ha considerado dañados o víctimas de una dictadura que hoy se nos antoja ‘dictablanda’ con los suyos. Y entendemos, también, que hasta a los sindicatos de clase se les ha dado dinero a manos llenas por el mal llamado, abusivo — e inexistente, en muchos casos — patrimonio sindical. Cuando se piensa en clave dictatorial y de actúa de forma hipócrita, como si se fuera demócrata de toda la vida, pasa lo que pasa. Y es lo que le ha sucedido a nuestra ‘Maritere’. La vicepresidenta ha esputado hacia arriba y el esputo se ha estrompado en toda su cara, demostrando que ésta es como el cemento armado, llena de mentira y falta de tragedia. Ortega y Gasset estaba convencido que “muchos hombres, como los niños, quieren una cosa pero no sus consecuencias”; ahí es, precisamente, donde a nuestra vicepresidenta se la ve el plumero. Esta vez le han pillado con malos pelos y corrida la pintura de guerra. No se puede estar en la procesión y tocando las campanas, como no puede ser aquello de “comer sopas y sorber”. |