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Imaginen, a golpe de pájaro, la muchedumbre. Imaginen y parpadeen mientras aumento el zoom del satélite. Entre las harapientas calles, somnolientas, mujeres circulan con indiferencia, varios hombres fuman, otros se ajustan el pantalón, alguno mira apoyado en la pared de un viejo edificio de ladrillo desconchado. Entre los trazos de esta imagen, se halla la escena central. Sobre la calzada espira a la serena una boca abierta. La sangre se desliza de abajo a arriba, luego de arriba abajo y dibuja su sombra sobre el suelo. Teñidos los cabellos y embrutecidas sus delgadas manos insensibles ya, la voz no palpita, la nuca se retuerce en un último suspiro y los ojos se vitrifican. No hay lágrimas que secar. Hay un centro que limpiar, un muerto que cubrir y otro fracaso que contabilizar, otro más. El estado de “deshecho” y no va más, al menos por el momento.
Y tras el retrato infernal del asesinato y la impunidad, de la indiferencia ciudadana, del salvajismo, de la falta de humanidad, de la carencia de conciencia, del silencio multitudinario… admiren el terror, el pavor de una sociedad que no sólo no se lamenta, sino que deja flotar sus cuerpos en un río corriente abajo o arriba, que da lo mismo. Brasil y sus favelas, Lula y su sonrisa, sus copas y su fiesta. Vengan y vean Sudamérica, la ciudad sin ley. No pierdan el hilo a este mensaje que viene del estómago, del mío, tan grosero. Y la cabeza de los cuerdos está plagada de semillas. Leire Pajín alza el brazo, puño en alto, emblema desgraciado del horror y del totalitarismo. Obama se cree negro. Nos amenaza Ahmadinejad. No pasa nada. La sábana blanca hace el resto. EL muerto al hoyo y el vivo al bollo, o a las migas, como las ratas y los mendigos, los indiferentes, los irreconciliables para con la vida. ¿Y los culpables? ¿Dónde están? ¿Por dónde se han perdido las gaviotas y la libertad?
Paz, te dicen. Pero entre tanto, tenemos que soportar el continuo quebranto del Estado de Derecho, debemos temer al Ministro del Interior, sufrir al Presidente del gobierno y asistir impávidos al alzamiento de algunos vagos pijos imbéciles en Pozuelo, hijos de imbéciles, desgraciados, embrujados y envalentonados en este trazo social arrepentido. Mojado. Mean por las esquinas. Los perseguidos somos otros, los que padecemos el mal de conciencia, los mismos que cedemos el paso en los pasos de cebra, los que miramos al anciano que se aburre y le regalamos la sonrisa del día, los que creemos en el ser humano y no perdemos la esperanza de forjar otra vía.

Los muñecos de cera nos imaginan como ellos. Porque el que no se enmienda y acomete no puede cambiar nada. Porque la desgracia tiene rostro, como los cadáveres, como los asesinos, como los ladrones, como los infames, como los bastardos maltratadores. No, yo no levanto el puño, ni mi brazo, ni comparto esvásticas, ni me río de mis semejantes y sus desgraciadas casualidades físicas, mentales o plásticas. No, no subo a lo alto del escenario para darle la mano al presidente de una nación oprimida y miserable como la venezolana. No apruebo la sonrisa y los mensajes preliminares. No perdono a los malditos asesinos del norte, el sur y el este, y no me pidan que soporte el hedor de la mierda en mis narices, no me obliguen a llevarla a casa… Convencidos del progreso, los plurales se retiran a sus mansiones. Las arcas del Estado están vacías. El esfuerzo de otros ya no vale, el pasado se reinventa. La memoria general, dice Zapatero, memoria histórica… ¡La memoria es humana e individual, subjetiva, inestable y corromperla resulta el mayor de los atentados! ¡Yo tengo memoria y no olvido el rostro de la precursora de la legalización del asesinato de los niños no nacidos cuando alzó el puño en alto a lo Stalin junto con la Pajín, homenaje a los malnacidos! Curioso. ¿Y si bajamos las cámaras a la calle? ¿Y si abrimos los diarios? ¿Y si rompemos con toda esta panda de mamarrachos que nos venden alianzas de civilizaciones o hablan de derechos de los pueblos que, paradójicamente, están repletos de ciudadanos sin derechos? ¿Y si apostamos por defender a los que cumplen? ¿Y si despertamos de este letargo y plantamos cara a los que nos persiguen mientras dejan que otros mueran y otros camuflen y manipulen y destruyan con sus actos la esencia humana? Puño en alto Leire. Con la mierda y la sonrisa y las miserias imperdonables de los de siempre. Porque os importa eso, una mierda, las desgracias ajenas y a lo único que aspiráis es a vivir de los demás, a costa de los demás. Y jueguen, jueguen. Sonrían y verán que será demasiado tarde. Que no avanzan los pueblos, que los pueblos no existen, descubrirán la universalidad del ser humano, y se pasmaran al ver que los indefinidamente violados derechos humanos sobre la que se asienta la hipocresía progre son sólo eso, papel, y sus aspiraciones, eso, aspiraciones, charcos de sangre, costumbre… No, ya no respira, ya no respira… Sobre el sol del atardecer le grité a la mar: ¡No me detestes! ¡No sólo soy yo quien sigue como si nada! ¡Como si nada! ¡Lanzando palabras la vuelo! Los acontecimientos nos corrompen y los años, como colegas, nos convencen de la normalidad de la situación. ¡Acometamos! ¡Reivindiquemos! ¡Abramos los puños y alcemos las manos, palma abierta, coraje! Esta desgraciada guerra en la que nos han metido los de siempre sólo tiene un final, la muerte o la supervivencia… Las calles nunca han estado más limpias… Los despachos jamás se vieron más corrompidos. Herramientas. No reciten. Vean, pásmese y observen como los miserables son los mismos que nos gritan desde arriba, nos roban el pan y nos convencen de su necesidad. ¿Algo falla no? No hace falta que nos sigan. La voz de la calle tiene nombre y está harta de mentiras y crueldad por partida doble. Estamos hartos de sujetar los muertos del 11 de marzo, del 11 de septiembre y tener que soportar las juergas de los asesinos y sus cómplices. ¡Estamos hartos de veros sonreír! Leire, Bibiana… ¡dais asco! Un barrendero, limpia los restos de sangre. El agua de la manguera se tiñe, se diluye entre el asfalto… Las palomas se posan en las aceras. Y el mundo se recrea inmerso en su hipocresía, feliz hipocresía, como lamentable… Paco Bono Más en http://www.pacobono.com |