MIGUEL ÁNGEL GARCIA BRERA
El pasado 22 de Julio se celebró en la Universidad Mayor de San Andrés, en La Paz, capital de Bolivia. un importante seminario sobre “Los secretos del lago Titicaca, maravilla natural”.
A lo largo de toda una Jornada de exposiciones, se desarrolló un interesante programa, iniciado por el Secretario Departamental de Turismo de la Prefectura de La Paz, Lic. Rafael Laura, que expuso el tema central, interviniendo también el sociólogo Lic. Hugo César Boero tratando los “Aspectos de la socialización en la fiesta patronal andina en el área de influencia del Lago Titicaca”, el Ministro Consejero de la Unidad de Asuntos Culturales, Cancillería de la República de Bolivia, Dr. Marcelo Ardúz Ruiz, quien sorprendió a los asistentes con su exposición sobre “Los mitos cristianos del Lago Sagrado de los Incas, el arquitecto Eduardo Pareja, de la Unidad Nacional de Arqueología que reseñó los “Hallazgos arqueológicos en el Lago Titicaca y su entorno”, el también arquitecto, Guillermo Lange, sobre “Lago Titicaca, esfinge acuática de los Andes, siendo yo mismo invitado a cerrar las exposiciones, en mi calidad de Vicepresidente de la Federación Mundial de Periodistas y Escritores de Turismo, (FIJET), lo que hice ofreciendo una “visión desde el punto de vista del periodismo turístico”. Como complemento de tan importante sesión académica, fui invitado a pasar un día en el Lago, acompañado por el Dr. Ardúz Ruiz y por el Coordinador de la Fundación para el Periodismo, Guillermo Valencia Machicao.
Elevado el Titicaca a 3.800 metros sobre el nivel del mar, sus aguas limpias, atrayentes, tranquilas, complementan su atractivo con las orillas donde crece la totora y, escalonadas, las colinas conservan -y en tramos aún se siembran- las terrazas donde se cultivaban, miles de años antes de Cristo, granos, hortalizas y otros alimentos. Enmarcando el lago por ellas, en la lejanía, las montañas nevadas se alzan como oraciones de imponentes ermitaños vestidos de armiño.
Durante la travesía navegamos en un moderno catamarán, y en una balsa de totora, y desembarcamos en Copacabana, y en la Isla del Sol. En Copacabana, en lugar de muchachas en bikinis brasileños, nos entusiasmó la estampa colorista de las aymarás o las quechuas, con sus polleras vistosas y sus sombreros inexplicablemente inamovibles, sin sujeción alguna, sobre sus cabezas, vendiendo en medio del paseo, sobre unos trozos de tela o de papel, los pescados que los hombres han sacado del lago: el pejerrey, el mauri, el ispi, las orestias o las finísimas truchas. Pero en Copacabana, sobre todas las cosas, está la Virgen de la Candelaria, la milagrosa virgen, cuyo escultor fue el inca, declarado siervo de Dios, Francisco Tito Yupanki, y en cuyo honor constantemente los devotos prenden velas y piden mercedes.
Se realizo también un recorrido por la Isla del Sol, donde nació el Imperio Incaico y, aunque hay que luchar con la altura, para todavía ascender por una larga escalinata de piedra, ni un solo turista deja de subir ni de visitar el Jardín, y la ingeniosa Fuente del Inca, primero, para luego seguir hasta el Complejo Cultural Inti Wata, modelo de respeto a la naturaleza, que incluye el museo subterráneo del Ekako, la exhibición de objetos y remedios de medicina tradicional, el “astillero” de balsas de totora, las terrazas Pachamama donde se imita la agricultura incaica y varias muestras de trabajo artesano con exhibición en vivo. Precisamente la Pachamama, la madre tierra, es la fuente de inspiración del indígena –brujo blanco o médico natural, según se quiera- que realiza un rito de recarga de energía positiva, de acuerdo con lo que el Titicaca sugiere, ya que el visitante siente, durante la navegación o el paseo por sus orillas, como un impulso vital que le reanima y le llena de paz. En el mirador “Manco Kápac”, desde donde pueda admirarse la majestad del lago y su magnetismo, un pequeño rebaño de vicuñas, llamas y alpacas pone su, siempre interesante, nota de zoología local.
A punto de ser declarado maravilla natural por las votaciones populares de todo el mundo, el Titicaca lo es ya por sus propios méritos y, sin duda, para cuantos tienen la ocasión de navegar por sus aguas o recorrer sus orillas.
Anonimo dijo
Agradezco al Sr. Miguel Angel Breba por la bellisima nota sobre el Titicaca y toda su misticidad, sin embargo creo que es imposible describir la paz y la serenidad, que puede puede ofrecer a aquel que lo visita. SOLEDAD2008-08-14 23:47:35
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